Hace ya unas semanas de mi última publicación aunque eso no significa que no haya pescado. En esta nueva entrada describiré la jornada de este sábado pasado. Un día que empieza con el ofrecimiento por parte de Agustín, propietario de un barco en la localidad de Mutriku. Cuando un pescador con tanta experiencia te llama y te dice que vayas no se puede decir que no, siempre se aprende muchísimo con tantos años de sabiduría entre sus manos. Es curioso como me quedaba perplejo escuchando las historias que me iba contando durante la mañana, historias e historias repletas de grandes capturas y pescatas y que a pesar de que hoy todas esas pescatas son una autentica utopía su ilusión por una nueva jornada de pesca esta intacta. Que gran arte es la pesca.

En este día,  la pesca que íbamos a desarrollar estaba enfocada a buscar a este tipo de espárido, la breca. Una vez situados en el waypoint, y con “coco” como cebo elegido era cuestión de minutos los que pasaron para tocar la primera captura.

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Muy entretenidos toda la mañana ya que las picadas eran bastante continuadas. Si a esto le sumamos el almuerzo con un vinito de Rioja acompañando, las horas transcurren que parece que pasan de dos en dos.

Esta bien de vez en cuando tener jornadas así. Antes en el río pescaba muchas veces a lombriz, en mis inicios, junto a mi abuelo o mi padre que con las cañas largas de cebo y el aparejo lombricero cogíamos las truchas. Pero lo que más me hacía recordar esa pesca era la picada tímida de las brecas, tas tas tas y clavar. 

Esta fue una de las bonitas brecas capturadas por Aitor, compañero infatigable de Agustín.

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Gran día de pesca, la pasión por la pesca era la que prevalecía. El olor a salitre es una bendición que unida a la práctica de la pesca se convierte en una formula mágica para nosotros.

Por otro lado están los manjares que nos da el mar, que de vez en cuando poder degustarlos con la familia y amigos es todo un placer.

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Hasta pronto!!!

 

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