El sábado pasado fuimos en busca de nuestros amigos los sargos, esta vez Dani, Miguel y yo, como siempre muchas ganas y varios días antes hablando de lo que nos podría deparar la jornada.

Es una época muy buena para esta pesca y otros años hemos sacado grandes piezas. Llegamos al punto del alba a las rocas, como nos gusta. El amanecer da igual que este subiendo o bajando, al final es algo especial para todo tipo de pescas.

Una vez abajo, tocaba macizar la puesta elegida, preparar las cañas y aparejos.

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No habíamos terminado de prepararnos, cuando Dani nos hacia pensar con la primera captura que podríamos estar ante un buen día de pesca.

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En esta imagen se podía apreciar el color del agua, muy turbia, el temporal de la semana pasada había azotado con ganas la costa y este era el panorama que nos había dejado, nada bueno para la pesca.

Pero ya estábamos allí y había que disfrutar con lo que teníamos delante. La realidad del día eran aguas con un color gris-marrón, rachas de viento racheadas muy fuertes y terminando de bajar la marea con muy poca actividad en ese momento.

Nos dividimos por el pedrero, para ver si en los cuatro agujeros que podríamos pescar se encontraba alguno con ganas. Estuve en un puesta en la que pude sacar 7 piezas casi seguidas, varios se me soltaron y unos cuantos pequeños palmeros que fueron al agua, alguno de buen tamaño con el que pude disfrutar. Con este balance y en una sola puesta ya daba como bueno el día en estas condiciones.

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Era medio día y tras cambiar de zona con incluso peor resultado, decidimos ponernos a almorzar para posteriormente limpiar la pesca.

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Una pena de día la verdad, esto nos alimenta las ganas de volver, con esperanza de que en la próxima jornada se den otras condiciones. Ahora toca abrir la veda en La Rioja el próximo domingo, con nuevas medidas que esperemos ayuden a la mejora de la población truchera.

 

Hasta pronto….

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Este año no estoy saliendo mucho de pesca, entre temporal y temporal, y que últimamente las fechas no me han cuadrado mucho, no he podido ir tanto a las rocas como yo quisiera. Pero el sábado todo estaba en orden y había quedado con René para salir con su barquito en busca de verdel.

Sabía que no era un gran pez en cuanto a emoción, lucha y fuerza, pero es pescar, y estaba con unas ganas locas de coger la caña. Por internet pude ver las artes de pesca con las que se engaña al verdel, una especia de lana roja enrollada en el anzuelo parecía ser más que suficiente.

Me puse en casa frente al torno y monte señuelos con mi estilo, anzuelo 1/0, flash rojo o amarillo de cola y unos chenille rojos y amarillos brincados, esto era el resultado.

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Partimos de puerto sin mucho madrugar, la mañana era fresquita y estaba nublado, un día de los que gustan para la pesca. A una milla ya se podían observar los barcos tirando sus aparejos y sacando los verdeles.

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No tardamos en lanzar los aparejos y el primero que dio con ellos fue el padre de René.

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Las picadas se sucedían en cada lance, sacar más de dos piezas era lo mas normal.

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Llevaba un equipo muy ligero y cuando clavaba los tres, al menos podía disfrutar un poco más del lance. Es un pez bonito a pesar de su pequeño tamaño.

Solo llevaba tres anzuelos, pero René que llevaba cinco, sacaba el lote completo en muchos lances.

Cuentan que cuando clavas, dejas que se llenen los anzuelos, otra caña hace la misma operación y saca el pescado mientras una siempre esta con pescado clavado, así sucesivamente para que el pescado no se vaya.

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Una vez hecho el cupo, vuelta al puerto, habíamos pasado una mañana de lo más entretenida, muchas capturas y recuperando sensaciones, con la satisfacción añadida de que los señuelos funcionaron a la perfección.

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Hasta pronto…

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