Hace días que no publicaba una entrada, ya que han sido un par de meses muy ajetreados y que nos han privado de practicar la pesca asiduamente. Aun así, no se va de nuestras cabezas y por ello, cada vez que tengo tiempo salgo en busca de capturas.

He estado varios días visitando los embalses riojanos, este año están muy altos de caudal y por ello las zonas para buscar las truchas las sitúo en las entradas de ríos que nutren de agua a estos embalses.

Los amaneces y atardeceres son las mejores horas para esta pesca, a estas horas las truchas están mas confiadas, generalmente más activas y ante nuestros señuelos se mostraran mas agresivas.

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Estos escenarios sirven a las truchas para alimentarse más fácilmente, la concentración de loinas, barbitos de montaña y bermejuelas, hacen casi exclusiva su dieta diaria.

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La primera captura se produjo al poco tiempo de llegar, tras el lance, unos golpes en la recogida, noto el ataque y la clavada es fuerte. Tras una lucha consigo meter en la sacadera este bonito ejemplar de trucha.

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Una vez tomadas las fotos, su captura y su suelta fue un éxito, esperemos verla pronto.

Segundo día y mismo escenario. El amanecer como punto de partida, solo los ladridos de los corzos rompen el silencio, a pesar de la calma que reina, sé que debajo de las aguas las truchas están al acecho de cualquier presa.

Para estos primeros momentos del día, suelo utilizar señuelos más grandes, más llamativos, aunque la aguda vista de la trucha no pasaría desapercibido seguramente otro señuelo.

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Otra vez, en los primeros lances se produce el ataque, una buena picada, el freno del carrete suena y hace que salga hilo con facilidad ante las primeras envestidas.

Intento que la trucha no busque refugio en las raíces de los arboles y en los troncos hundidos que pueblan la orilla y que sirven a su vez de refugio a los pececillos.

En este día me acompañaba mi padre, lo que me sirvió para que él, ayudado por la sacadera, pusiera la trucha en tierra.

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Preciosa trucha la que tenia en mis manos, con esas franjas marcadas y esos tonos marrones tan característicos. Un par de fotos y rápidamente la metería en el agua agarrándola de la cola para oxigenarla, una vez que esta bien, ella se va lentamente al fondo del lecho.

El resto de la mañana ni rastro de truchas, una vez salen los primeros rayos del sol, la actividad de estos depredadores baja significativamente.

Estas han sido las dos últimas salidas, con buenas sensaciones en esta modalidad, pronto estaré en la costa y espero repetir sensaciones con alguna lubina.

 

Hasta pronto….