El pasado sábado salimos de pesca en el barco de René. La intención era un poco de curri costero al amanecer y una vez entrada la mañana pescar un poco a fondo. Como cebo llevábamos, sardina, navajas y langostinos.
Salimos de puerto y pusimos cuatro cañas echadas con minnows y vinilos, a las espera de oír sonar el freno del carrete. A una velocidad de 3-4 nudos esperábamos que una lubina atacara algún señuelo.
Pasaron dos horas y nada de nada. La mar se puso un poco rebelde y decidimos irnos a puerto a almorzar.
Esperamos un buen rato hasta que amaino el viento. Salimos de nuevo para pescar a fondo. Entre 1 y 1,5 millas nos situamos para soltar los aparejos. Pronto Dani tuvo una buena picada y tras las primeras sacudidas se dio cuenta que tenía buen porte.
Un bonito y luchador pez luna, hizo disfrutar muchísimo a Dani.
Su captura y su suelta todo un éxito.
Continuamos pescando a fondo y, entre cabra y cabra, la sonda detecta gran cantidad de pescado. Eché un aparejo con media sardina y nada más caer, zaaasss!!! Picotón!!!.
Empecé a notar una fuerza tremenda en la línea. Un pez que no se meneaba del fondo. Conseguí trabajarlo un poco y noté como subía unos metros. Esos metros de línea que recogía volvía a sacarlos. Así 1 hora de reloj!!! y no pude con eso. Al final se soltó, el anzuelo intacto y mi frustración por las nubes. ¿Que pez seria?, ¿un mero?, no lo sé, solo sé que esa noche me imagine ese pez de mil formas y tamaños.
Espero que el mar me devuelva esa incertidumbre en forma de gran pez, porque no solo es la paliza que me di, si no lo que trabaja la cabeza de un pescador cuando le pasa una historia de estas.
Hasta pronto…
