En esta semana santa con tantos días de fiesta le he podido dedicar algo más de tiempo a la pesca. Tanto el agua dulce como el agua salada las tenia muy cerquita como para organizarme unas jornadas en ambas zonas, en ellas iría en busca de truchas y sargos.
Madrugada del sábado, la caña del sargo, los langostinos, el cubo de macizo, la mochila, el chaleco, etc, etc, todo en orden desde el día anterior. Llegue al pedrero junto a mi amigo Arturo, él iba a dedicar la jornada en busca de la lubina, una búsqueda que a pesar de la insistencia y del buen pescar, no obtuvo frutos.
La imagen de la zona de pesca era preciosa aunque el estado de la mar era otro cantar. Siempre hay que poner escusas a nuestra escasa pesca, series de olas continuas sin espacio para que el corcho pueda estar en la zona bastante tiempo como para que los pocos peces coman.
La mañana transcurría buscando y buscando pescado. En cada agujero en el que podía mantener el corcho, macizaba y conservaba mis ilusiones intactas. De estos días te queda el esfuerzo en cada pieza, el afinar en la clavada y el estar concentrado cada instante.
Este día fue la cruz en cuanto a capturas pero es un lujo amanecer en un entorno así, disfrutar del olor a salitre y tocar escama.
Hasta pronto…
